ABORDAJE DEL LAS DROGODEPENDENCIAS DESDE :
LAS INSTITUCIONES RELIGIOSAS:
A primera vista pareciera que las Instituciones religiosas cuyo propósito es hacer conocer la Verdad Absoluta , nada tendrían que hacer en este tema. Pero nada más lejos de la verdad.
Todos estaremos de acuerdo en que el Sumun Bonum o máxima aspiración del ser humano es: Amor Puro por Dios, lo que se expresa claramente en el primer mandamiento que expresa: “Ama a Dios por sobre todo”.
Hasta aquí estamos todos de acuerdo, a partir de este momento trataremos de mantenernos unidos a este principio básico y sin apartarnos de él veremos cuan grande es la importancia y necesidad de que las instituciones religiosas aborden el tema de las drogodependencias.
“Vida sin religión es vida animal”. Comer, dormir, aparearse y defenderse son principios básicos de toda entidad viviente en la tierra. El hombre come y puede que lo haga en platos de fina porcelana, el perro en el un recipiente cualquiera, el hombre duerme en buen colchón de látex y tapado de finas sabanas, el perro puede hacerlo en el suelo y quizás dormir mas relajado que un hombre, el perro se defiende con sus colmillos y el hombre con sofisticados armamentos y así sucesivamente. ¿Donde está la diferencia? La diferencia está en que el perro no está interesado en conocer a la Suprema Personalidad de Dios. Por el contrario el hombre no solo tiene esa oportunidad durante su vida, sino que de obtenerla, ésta le permitirá trascender la materia a medida que su conciencia en Dios crezca.
“El hombre es un alma corporificada”. Somos almas que tomaron un cuerpo y no cuerpos que tomaron un alma. Como consecuencia de ello todos los seres corporificados tenemos tendencias al disfrute material o explotación de éste mundo. Desde la hormiga hasta el hombre poseen esta condición.
Si los principios de comer, dormir, aparearse, defenderse no se controlan y limitan debidamente el hombre lo que hace es “apegarse” al mundo inferior o material. De la misma manera de que hay un mundo inferior o material, hay un mundo superior o espiritual.
Como seres corporificados no podemos librarnos totalmente de estas cuatro condiciones de la naturaleza material, pero si podemos y debemos reducirlas y controlarlas para mantenemos lo más lejos del “charco” material en el cual nos encontramos. Sí, digo “charco”, sin ser despectivo ya que también es parte de la creación del Padre; solo que representa un reflejo pervertido del mundo espiritual, y seguro de que no es el lugar al que pertenecemos como almas eternas y servidoras de Dios.
“El alma es una servidora eterna de Dios”. Siempre estamos al servicio de alguien o algo y si no servimos a Dios servimos al mundo material. El alma corporificada tiene una natural propensión a servir, al mismo tiempo que disfrutar y si lo hace sin conciencia superior, o sea de Dios, corre el riesgo de apegarse y adicionarse a este mundo material. El apego de los sentidos es muy fuerte y apego es muy cercano a adicción.
Las adicciones no deben de entenderse solamente a las drogas, que por cierto tiene el agravante de un producto químico que refuerza la misma, sino que las adicciones pueden ser a muchas cosas como por ejemplo: comida, juegos, sexo, objetos, personas y hasta nuestro cuerpo físico.
Toda persona espiritual y consciente de Dios sabe de que todo lo que tiene: casa, auto, etc., incluso su propio cuerpo y el de sus seres queridos se acabará con la vejez o la enfermedad y la muerte. Por que?, porque no nos pertenecen. Por ello si uno tiene que apegarse debe de hacerlo a algo que lo eleve, que lo trascienda y el camino es el amor por Dios.
Las drogas (en sus múltiples formas) imposibilitan el acceso del ser humano a cumplir con el verdadero propósito de la vida, la cual busca la autor realización espiritual.
Las drogas imposibilitan al hombre, encontrarse a sí mismo, encontrar la alegría permanente y natural de reconocer su condición de hijo de Dios, lo que representa el conocimiento que va más allá de nuestras observaciones sensuales relativas; y el encuentro con nuestra existencia eterna.
Cuando hablamos de drogas, se hace referencia a cualquier estimulante; sea hierba, fórmula química o líquido fermentado que influye en el sistema nervioso después de ser ingerido, inyectado u olido, causando un efecto de cambio de conciencia de su consumidor. Toda dependencia al mundo de la materia aleja al hombre de su verdadera libertad, lo hunde más y más en el charco material. Es por ello que un verdadero espiritualista jamás permitirá hacer que su ser u alma dependan de otra cosa que no sea de la Suprema Personalidad de Dios.
La conciencia artificial de las adicciones es temporal y se manifiesta con otros síntomas que aumentan las adicciones y apegos al mundo material.
Un síntoma no evidente de las drogas es que el drogadicto pierde una característica principal del ser humano: la capacidad de discriminar entre el bien y el mal.
Por otro lado el consumidor de drogas pierde todo sentido de conducta responsable, la cual se espera de un hombre civilizado.
¿Cuántos padres de familia beben alcohol sin pensar en alimentar a sus propios hijos? Y ¡Cuántos jóvenes, incluso de buena familia se han vuelto delincuentes para financiar su dependencia?
La droga, en cualquiera de sus vertientes, es un escape, un refugio en la ignorancia más oscura.
Las motivaciones para el consumo son multifactoriales, pero se pueden resumir en una simple fórmula: “La incapacidad de encontrar la felicidad en la vida, en un estado normal”.
El consumo de tóxicos y estimulantes no es nada nuevo y siempre fue un síntoma de la decadencia de un pueblo opulento y exitoso en lo material, en el cual la intoxicación aumentó. Los romanos son un buen ejemplo de esto.
Tradicionalmente, la intoxicación ha estado en conflicto con las religiones genuinas que siempre han denunciado a las drogas como un obstáculo en el camino espiritual; y como una forma evidente de destruir lentamente el cuerpo, dados a nosotros por Dios.
En lo que a nuestra sociedad moderna se refiere, materialista y atea, en la cual se trata de deshacerse del sentido de culpabilidad ante la voluntad divina; ella se basa en la filosofía que sostiene que cuando el cuerpo muere todo se acaba y que debido a eso la moral religiosa es solo un obstáculo que impide disfrutar de la vida.
No se trata de aliviar el exceso de una cosa aparentemente agradable y buena; No! Se trata de liberarnos de un concepto erróneo que nos hace perder la preciosa oportunidad de tener este cuerpo humano; y que nos vuelve desagradecidos, irresponsables, animalísticos y bárbaros desafortunados.
Debemos buscar valores libres de la tendencia de explotar a los demás.
El materialismo nos dice que “La fuerza es la que da el derecho, y no el derecho el que da la fuerza”, pero ésta no puede ser la base de la vida humana civilizada; más bien es la ley de la selva, donde garras y colmillos sustituyen bondad y justicia.
Con todas estas contaminaciones es fácil que alguien se pregunte ¿Para qué vivo yo si no es para disfrutar?, y aquí la droga nos da su respuesta: “Disfruta ya, pues mañana puedes estar muerto; haz como todos los demás, haz de la vida una fiesta.”.
En las enseñanzas sagradas se explica que nuestro cuerpo está dividido en dos partes: materia y espíritu, y que éste último provee al cuerpo de vida o energía. El cuerpo físico está atrapado por las estrictas leyes de la naturaleza material, no así el espíritu.
Hoy muchas personas debido a su ignorancia sobre la posición del alma eterna y de las posibilidades de librar a ésta de las redes de la existencia material, reclaman las drogas en su cráter divino para una conexión con planos que creen superiores o astrales.
Así como un pez fuera del agua, no puede ser feliz con una buena cuenta bancaria, del mismo modo; el alma en el cuerpo no puede ser feliz mediante arreglos materiales, ni en esta vida ni en la próxima.
Cuando el alma descubre su naturaleza eterna y establece con bondad y pureza su posición naturalmente feliz como sirviente de Dios, puede librarse de todo condiciona miento material; y volver a su dulce hogar, “el mundo espiritual”.
La mente nos causa muchos problemas para decidirnos por una vida con alternativa espiritual. Sin embargo, si la inteligencia entra en contacto con la educación y una guía espiritual fidedigna, entonces se capacita a la persona para controlar la mente y los sentidos y usarlos de forma maravillosa para ayudar a los demás en la espiritualización de sus vidas. De esta manera, un drogodependiente se puede deshacer de su desesperación y tener un entusiasmo extraordinario de amor espiritual.
La pregunta del “¿Para qué vivimos”?. Se responde así: Para Él. Esto se llama una alternativa positiva.
Las drogas conducen a hacer cosas muy feas, como robarle a los seres queridos, violar los sentimientos de los demás y sus derechos. Si se piensa que otros deben sufrir para que podamos obtener nuestro propio disfrute, nos equivocamos ya que solo obtendremos el mismo dolor que provocamos en los demás.
El uso de drogas es perder la oportunidad de aprender la lección fabulosa de esta escuela de la vida y el principal perjudicado es uno mismo, así alguien que utiliza esta vida humana para la gratificación de los sentidos con drogas, etc., ni siquiera va a comprender el fin último de esta vida.
“Uno no sabe valorar lo que tiene hasta que lo pierde”, si uno no aprecia este maravilloso regalo como lo es el cuerpo humano y no busca la auto - realización espiritual, mucho sufrimiento le está garantizado.
Las drogas simbolizan el escape. El escape de una vida ordinaria y aburrida, una vida sin ánimo y sin filosofía.
Las drogas hacen daño sobre todos y especialmente al consumidor, que al dañarse a si mismo ya no puede ser un buen padre, hermano, esposo, esposa, Ellos crean un infierno alrededor de sí mismo.
Las drogas y sus adictos constituyen un símbolo de la desviación del camino hacia Dios. El afán de disfrute los lleva a destruir todo en la vida y ni que hablar del amor; este precioso aspecto de cada uno que permite moldear el propio ser para agradar a Dios y otros seres. Este precioso amor para el drogadicto se vuelve totalmente inaccesible. Él, drogándose, su hijo sin comida, su mujer en llanto.
Por todo esto es que no debemos dejar que estos seres se pierdan y dejen esta horrible ilusión ya que nada hay más peligroso que la libertad sin responsabilidad. Reconocer y buscar la responsabilidad es madurar.
Las Iglesias o instituciones religiosas, si puede hacer mucho en este sentido porque posee la sabiduría supra mundana, conocen el camino marcado por los sabios y santos y tiene hijos suficientemente conscientes y amorosos para participar en esta tarea.
Dr. Juan Carlos Schurig Terraf.
Máster en Drogodependencias por la Universidad Central de Barcelona . España
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